Durante muchos años en la Argentina no se respetaron los derechos humanos. Sí, en cambio, desde el 25 de mayo de 2003.
En efecto, desde entonces se pretende convencer a sus ciudadanos sobre este antes y después y, más aún, de que somos un ejemplo para el mundo.
¿Los derechos humanos de quién?
Seguramente, no los de los que trabajan varios meses únicamente para pagar impuestos.
Tampoco los de los que llegan tarde a sus empleos porque el convoy del tren descarriló y debieron permanecer horas hasta ser rescatados, mientras un ministro de economía endeuda al país por los próximos 30 años para construir un tren bala que, con suerte, estará al alcance de unos pocos.
Mucho menos los de los pasajeros demorados a diario en Aeroparque ya sea por una huelga de pilotos, un fallo de la justicia o una puja entre sindicatos, mientras la presidente abusa de los helicópteros.
Tampoco los de los consumidores que no pueden dar de baja un servicio que ni siquiera contrataron, pero que fueron engañados y estafados.
Los de los vecinos cuyas plazas y parques se parecen más a los Balcanes que a los jardines de Luxemburgo, seguramente tampoco se respetan.
¿Los de los que aguardan sentencia? Casi seguro que no, mientras se archivan causas vinculadas con enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, evasión impositiva, estafas reiteradas o abuso de autoridad.
Los de los que están condenados a respirar los gases negros de camiones y otros vehículos o a tolerar a los automovilistas que conducen provocando una seria amenaza a sus pares, seguramente, no se respetan.
Desde la Argentina también es moneda corriente amplificar en el exterior el respeto por los derechos humanos o emitir juicios sobre lo que ocurre en el resto del mundo.
Y así la presidente realiza un viaje relámpago a París, cuyo costo superó el millón de pesos, sólo para lucir ataviada de la manera que más le gusta y que mejor la describe, y para posar para las fotos (¿qué pensarán, por ejemplo, quienes deben suspender un turno en el hospital sólo porque carecen de las monedas para el transporte?).
O se abraza a Hebe de Bonafini, defensora de las FARC, la ETA, Bin Laden y Chávez, entre otros, y a quien, dicho sea de paso, le confiere subsidios multimillonarios para que solucione, por caso, los problemas habitacionales de tantos que seguramente son tan violentos como ella, mientras miles ni siquiera pueden acceder a un crédito hipotecario.
martes 22 de abril de 2008
Los derechos humanos en la Argentina
Etiquetas:
Cristina Kirchner,
derechos humanos,
Hebe de Bonafini,
respeto
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2 comentarios:
Creo que esto va mas haya de una cuestión de no respetar los derechos humanos,ahora la sensación es de total DESAMPARO... !
Los incendios del Delta demuestran que los argentinos estamos desamparados!!!
No hay planes de acción ni para detener un fuego,no se protege a la gente y lo que me alarmo hoy es ver a la secretaria de medio ambiente pidiendo el embargo de bienes de los propietarios o arrendadores de las islas del Delta.Ella mejor que nadie sabe que el incendio lo pudo iniciar desde un turista hasta un pescador y luego el viento propagarlo por toda la zona!Pero en lugar de ocuparse en apagar los fuegos sale a buscar culpables y a tratar de colaborar con la "caja" embargando por 201 millones de pesos a personas que hasta ahora nadie ha probado que sean culpables.Es muy triste lo que nos pasa a los argentinos.
Hernán... hablando de derechos humanos, averiguá cuál es el "verdadero" divorcio Clarín-Gobierno. Te doy una pista: en los despachos de la Corte Suprema hay algo que quema y no son los productores rurales. Una causa que tiene que ver con alguien a quien se la conoce como "la Señora". Y esto no es carne podrida. Sé que tenés amigos por ahí... alguno te lo podrá indicar mejor. Es más: ahí empezó todo el problema del campo, oportuno, no porque se pelearan por la soja. Se pelean por un ADN.
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