Los presidentes Kirchner, empecinados en dividir a los argentinos, de tanto dividir están comenzando a multiplicarnos.
El tren bala es un ejemplo. Nadie, salvo el matrimonio presidencial, apoya este proyecto.
A sus actos, como se mencionó en este espacio, ya no sólo necesitan indefectiblemente arrastrar a los concurrentes sino también pagarles sumas cada vez más altas a cada uno. Sumas que, seguramente, se abonan con dinero que proviene de las retenciones. De lo contrario, no se comprende por qué, ayer en Salta, había tantas banderas de los caciques del conurbano.
Mientras tanto, crece exponencialmente la concurrencia a los actos de apoyo al campo y en contra de la política tiránica del gobierno.
El aparato K se quiebra y amenaza con desplomarse. Además del matrimonio presidencial se derrumba la figura del gobernador bonaerense, Scioli. Pronto también será el turno de los Gioja y de los Capitanich, que pasan más tiempo armando roscas en la casa rosada o en Olivos que gobernando sus respectivas y postergadas provincias.
Además de dividirnos, también sueñan con castigarnos. El presidente Kirchner quiere poner de rodillas al campo y perseguir a los que compraron dólares en los últimos días. Pues bien, el sector agropecuario nunca estuvo tan erguido, en tanto la venta de dólares nunca estuvo -en los últimos años- tan promovida por una política gubernamental.
La pareja presidencial transita su peor momento desde que llegó al poder, hace exactamente 5 años. O negocian con el campo y comienzan a gobernar la Argentina o la historia nunca les perdonará el daño que le imprimieron a la nación.
De una buena vez, el matrimonio Kirchner debería comenzar a preocuparse.
lunes 26 de mayo de 2008
El matrimonio Kirchner se marchita
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