Finalmente, en el acto de asunción como presidente del PJ, Néstor Kirchner optó por callar. ¡Gracias!
Es la primera vez que le agradezco algo al marido de la presidente. Todos sabemos que el discurso de Kirchner siempre contiene algún virus y que cada vez que abre la boca es para agredir.
De todas maneras, nadie pasa por alto que prefirió hacer silencio porque cuando habla no puede controlar lo que dice. Es más fuerte que él. Es una especie de incontinencia verbal agravada. Por lo tanto, si hubiera participado, seguramente, luego habría habido un cacerolazo tan fuerte cuyo eco se habría escuchado en toda la Argentina.
Aún así, el ex jefe de Estado es muy rencoroso y no olvida. Por lo tanto, la próxima vez que se suba a un atril exclamará lo que enmudeció. Forma parte de su esencia. Como la fábula del escorpión y la rana, recordada en este espacio el 4 de febrero último.
Que haya cedido la palabra no significa que haya reflexionado. “Quiero ver al campo de rodillas”, insistió hace unos días.
Sucede, en cambio, que ante la estrepitosa caída de la imagen de su mujer, el conflicto con los productores agropecuarios y la incesante inflación, el santacruceño está seguro de algo: las cosas ya no son como antes y su fin, claro está, se acerca. Las elecciones parlamentarias del año próximo constituirán un duro revés para el patagónico y para su esposa.
Presidente del partido justicialista al fin, ¿dónde pensará aterrizar con el helicóptero cada vez que tenga que trasladarse a su nueva oficina, ubicada en la calle Matheu 130?
viernes 16 de mayo de 2008
El silencio no siempre es salud
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