Primero fue el ex presidente Kirchner, en la provincia de San Juan, el que se llenó la boca con la palabra amor. Sí, aunque parezca un recio o un duro, el santacruceño se ablandó y aseveró ir en busca del amor para su pueblo. Algo poco creíble si el emisor es alguien que promueve la división de los ciudadanos, la violencia entre pares y hasta es capaz de afirmar que no se detendrá hasta ver al campo de rodillas. Vaya mensaje de amor.
Luego, fue su mujer, la presidente, la que se animó a hablar también sobre el amor, el miércoles último, en la Plaza de Mayo, ahora bautizada como la plaza de los sueños y el amor (sic), frente a los miles de argentinos que, como de costumbre, fueron arriados como ganado.
Algo ya había anticipado la jefa de Estado cuando meses atrás anunció el polémico tren bala. Por cierto, entonces había recordado que una de sus películas favoritas era nada menos que Enamorándose, aquel film protagonizado por Robert De Niro y Meryl Streep.
Mientras miles de argentinos carecen de un techo (propio, prestado o alquilado), muchos más pasan hambre o viajan peor que sardinas, la primera mandataria podría continuar con su política del amor y apelar a los superpoderes para reasignar partidas del presupuesto nacional. Algo que hasta podría anunciar por cadena nacional.
Menos dinero para inaugurar obras únicamente en los bastiones K del conurbano o para arrastrar argentinos a la plaza, y más para los que realmente no tienen nada.
De paso, durante la ocasión, podría referirse a la paz, la humildad o la solidaridad. Como el jamaiquino Bob Marley, promotor de la paz y del amor.
Casualmente, Marley era miembro del movimiento rastafari, que proclama la supremacía negra, en donde el color negro representa el bien, algo que seguramente el piquetero D’Elía aprobaría.
martes 24 de junio de 2008
El amor en los tiempos de la kólera
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1 comentarios:
Muy buen post, la verdad que tenes razon.. se llenan la boca hablando de "amor" ke hdp!!
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