Está claro que el matrimonio Kirchner ya no goza de la simpatía de los argentinos. De todas maneras, tienen la obligación de continuar gobernando el país hasta el 10 de diciembre de 2011. Como le gusta decir a la presidente, ella fue elegida por la voluntad popular en elecciones democráticas, justamente, para administrar la nación. Con lo cual debe continuar haciéndose cargo de esta responsabilidad.
Una revuelta popular que termine con el gobierno de la Sra. de Kirchner sería un grave retroceso para la democracia, es decir, para todos nosotros, aún cuando la ex primera dama pase sus días contando billetes en el exterior.
¿Cómo se entiende, entonces, que los presidentes K no comprendan que más vale echar un poco de agua sobre tanto fuego?
La jefa de Estado tiene un vocero que no habla y dos impresentables que ofician de portavoz. Mientras que a uno de ellos, Luis D’Elía, lo mandó unos días a refrescarse a Brasil, a la otra, Hebe de Bonafini, la entrena para que continúe hundiéndola. No se entiende.
En definitiva, si la señora Cristina no concluye su mandato será únicamente por mérito propio, promovido por desaciertos que, lejos de agotarse, se incrementan.
Dicho sea de paso, ¿qué piensan hacer con los legisladores oficialistas que no voten la propuesta del ejecutivo? Seguramente, ésa sea una tarea para las huestes del comando D’Elía-Bonafini.
Luis D’Elía goza de experiencia. Tiene en su haber la toma de una comisaría. Hebe de Bonafini, por su parte, pidió la detención de los ruralistas y gases para atacar a los que corten rutas. Se ve que sabe del tema.
¿Hasta dónde piensa llegar el matrimonio Kirchner que ya no sólo no resiste un archivo sino tampoco un youtube?
martes 1 de julio de 2008
Un gobierno psicótico
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