¿Existió realmente el intercambio verbal entre la señora de Kirchner y el presidente francés, Nicolás Sarkozy?
¿Por qué creer en aquello que intentó propagar la mandataria argentina al cierre de la cumbre del G-20, el domingo último en Toronto?
Ninguno de los participantes tomó nota del entredicho. Es más, nadie se dio por enterado en la ciudad canadiense.
Sin embargo, como la ex senadora, que transpiró la gota gorda para que el jefe del Estado francés la reciba unos minutos en su despacho durante su costosísima gira internacional en 2007, pasó por la reunión de líderes mundiales sin pena ni gloria, fiel a su estilo confrontador, no podía no llamar la atención.
Por supuesto, inmediatamente, encontró eco en el flamante canciller, el incondicional Héctor Timerman, que entendió cuál es el modelo K: batirse con todos, no sólo fronteras adentro sino también con el resto del mundo.
Por otra parte, en el seno del G-20 ya se discute dejar a la Argentina afuera de ese club. Recordemos que fue durante la segunda presidencia de Carlos Menem, tras la crisis asiática, que tomó fuerza este grupo de naciones industrializadas.
Si Cristina Kirchner y Timerman siguen tirando de la soga, por supuesto, no sólo nos quedaremos afuera sino también más aislados que ahora.
martes 29 de junio de 2010
La búsqueda de protagonismo nos puede salir muy cara
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