Tal vez una eventual visita del político francés de extrema derecha Jean-Marie Le Pen o del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, sean las próximas sorpresas del gobierno encabezado por Cristina Kirchner. O hasta el asilo político a un asesino como Muammar Khadafy.
De todas maneras, ya nada nos llamará la atención.
El premio que ayer el kirchnerismo –disfrazado en la decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata- le entregó al presidente venezolano, Hugo Chávez, fue la gota que rebasó la capacidad de asombro de los argentinos.
Rodeado de otros intolerantes como Hebe de Bonafini, la agrupación Quebracho, Milagro Sala y hasta del embajador de Irán, Chávez fue y vino en reiteradas oportunidades con un discurso sumamente contradictorio y muy irritante, por cierto.
Un sujeto que en su país ha perseguido a todos los ciudadanos que no piensan como él y que ha clausurado decenas de medios de comunicación fue galardonado, como debía ser, por un gobierno que también ataca a la prensa. El bloqueo al diario Clarín fue una muestra de ello.
Dicho sea de paso, horas antes, Chávez -reitero, amigo de Irán y de Libia- se había saludado calurosamente con el canciller Héctor Timerman, un individuo que dice buscar justicia tras los atentados a la embajada de Israel y la sede de la AMIA. ¿Poco creíble, no?
En fín, esos son los amigos de la Argentina. Por eso el país está tan solo en el mundo.
¿Qué habremos hecho para merecer esto?
miércoles 30 de marzo de 2011
Los amigos se eligen
Hugo Chávez, Héctor Timerman y la mentira de la Unasur.
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