Hoy, es mi último día en Necochea, la ciudad que, a mi juicio, posee las mejores playas de la Argentina.
Hace casi 4 décadas que visito esta localidad.
A lo largo del tiempo, he visto cómo se ha ido viniendo abajo, sin prisa y sin pausa.
Cines y restaurantes de categoría se convirtieron en pancherías y paseos de compras al estilo de La Salada.
Necochea no es sólo un destino turístico en donde distraerse unos días durante el verano. Posee un puerto importante y una población de casi 100 mil habitantes, colegios primarios, secundarios e institutos terciarios. También, la principal colonia danesa del país.
A pesar de contar con uno de los mejores balnearios del mundo, algunos de sus mayores atractivos como el complejo casino, el muelle de pescadores, el lago de los cisnes y sus tradicionales calles peatonales atraviesan un deterioro mayúsculo.
Por caso, en densidad demográfica de manteros, la principal arteria veraniega (conocida como "La 83") no tiene nada que envidiarle a la porteña Florida. Es más, estimo que la supera.
Como en tantas ciudades argentinas, en Necochea hubo también un acelerado incremento de la pobreza y de la indigencia.
En fin, una pena para una metrópoli que supo tener el casino más moderno de América latina y el primer puente colgante del país, entre otras joyas arquitectónicas.
martes 31 de enero de 2012
Necochea, un ejemplo del deterioro
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada